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jueves, 7 de mayo de 2015

El recuento con olor a cuento y el ganador que ganó y perdió

Diario UNO de Mendoza (página 8) 6 de mayo de 2015

Hay sentencia, hay sensaciones, hay temores. Denuncias de un fraude que afirman que no fue fraude, un recuento que no tuvo recuento.
Los votos que no fueron, los que faltaron y los que sobraron.
Las urnas vacías, las repletas y las que no abrieron. Las que anularon.
Los telegramas testeados, los erráticos y los inexistentes. El recuento no fue recuento y huele a cuento.
El que había ganado terminó ganando. Los que ganaron terminaron perdiendo. Los que se impusieron fueron otros y por varios puntos. Los resultados cambiaron.
Los sobres que no abrieron, los que sobraron y los que no contaron. Tan pequeños y esforzados, tan maltratados.
Las boletas que desaparecieron y se transfiguraron, las que cambiaron de letra y con la misma cara en vez de recurrida fue nula, la letra muda que los dejó sin voz; las boletas olvidadas, y las que se reprodujeron dentro de las urnas y dieron a luz en el correo mientras esperaban el recuento que no tuvo recuento.
Los que votaron y no votaron. Esos 9.000 ciudadanos y ciudadanas cuya elección, decisión y derecho ejercido, sufragado, fue eliminado, negado, por pertenecer a esas cajas de cartón señaladas para reconocer esa parte de la historia que no cambie tanto la historia, esas que haga parecer que en el recuento donde no hubo recuento, sí hubo recuento.
Las autoridades de mesa que no fueron, las que fueron, las que asumieron, las que se equivocaron, las que no entendieron, las cómplices.
Los fiscales con boletas propias e impropias, con marcadores sobre el padrón, con la rosca dibujada en el rostro, y también, los que no estuvieron y dejaron librado a la suerte de las trampas de la estadística electoral el porcentual de su sello.
Pasaron las PASO y los mal pensados señalan la elección en Guaymallén como tramposa, corrupta, equívoca, viciada; como una farsa digitada, como una payasada. Pero no fue así, sólo allí un sector del oficialismo acusó al oficialismo de hacer trampa y la Justicia sin hacer justicia y en un recuento que no tuvo recuento constató a medias la farsa. Allí donde las cosas fueron muy parejas hubo que hacerse cargo del ruido, sólo del ruido, pero tranquilos que estas prácticas seguro se practican igual y desde hace rato en Alvear y en La Paz, y en Lavalle y Godoy Cruz, y también en Tandil y Jachal. En todos lados hay un sonriente peligroso que busca quedarse con el botín electoral, algunos con estrategias que exceden lo que dice la letra de esa ley hecha para los estrategas que la exceden.
La desconfianza estaba latente. Ahora crece. Se vienen las generales esa que definirá los cargos ejecutivos de los que ejecutan, y legislativos que allanan el terreno para los que ejecutan. Hay mucho en juego y lo más seguro es que los tramposos agudicen sus trampas y sus aprietes, que sumen más hampones y que contraten imprentas para papeletas que no le son propias.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Primer round, segundos afuera... y la miseria de la política sigue triunfando

Diario UNO de Mendoza (página 19) , 29 de abril de 2015

 Dos intendentes en campaña sacaron a la luz la faz mafiosa y delictiva de la política. Dos hombres enquistados en la burocracia del Estado y que buscan cargos de mayor jerarquía mostraron que tener limpitas las calles y que los camiones de recolección pasen a horario es la herramienta fundamental para sumar poder desde la base que sostienen los aparatos de las estructuras partidarias que están lejos del “bien común”, de “la gente”, y de todas esas frases hechas sensibleras efectistas y mentirosas.
Y así un día (el lunes) uno de ellos, envalentonado, se salió del libreto y en territorio visitante atacó con una inesperada seguidilla de golpes directos. Acusó a la competencia de “complicidad con la gente que está en la delincuencia”, de “vinculación con grupos organizados de vándalos que azotan a todos los departamentos…”, de que “la Seguridad (como concepto y como Ministerio) de la provincia estuvo en los últimos siete años en manos de ese grupo –el gobernante en Mendoza y en la comuna donde se hacían las declaraciones–” sin moral, vinculado con grupos organizados de vándalos y cómplices de la delincuencia. Como chicana más abstracta tras tanta denuncia (sin denunciar) se jugó para rematar su estratégico ataque pidiendo un “cambio moral” en ese territorio a conquistar.

martes, 7 de octubre de 2014

No discutamos de drogas, no, pero mientras más ilegales, más rentables

Diario UNO de Mendoza (página 8), 1 de octubre de 2014

La idea que han logrado con no discutir, ya “que la gente es idiota”, es seguir confundiendo, moralizando, estigmatizando y reprimiendo. Y así, en la misma línea, desde el poder siguen mezclando términos como si fueran los mismos, como si no tuvieran historia, consecuencias y contextos. Para eso vemos como dentro del relato es lo mismo consumo, venta, adicción o narcotraficante, tratamiento, prisión, elección o encierro.
Obviamente hablamos de drogas, de las que están legalizadas, de esas que aún que no entraron en la industria de las patentes de laboratorios transnacionales.
Hay drogas, ilegales, muy variadas, con distintos tipos efectos, con disímiles formas de socialización, de producción y comercialización.
Hay consumo. Hay consumidores y consumidoras, están los que lo hacen en forma esporádica o como una rutina. Están los que eligen hacerlo y los que necesitan hacerlo. O sea, un sector de los consumidores son adictos, están enfermos, ya que perdieron la libertar de elegir.
Otra de las patas de este tema es la venta. Y es aquí donde la ilegalidad de la drogas las hace tan rentables, ya que el transporte, la distribución, la cocina y todos los procesos de la línea de producción deben estar sujetos a la reglas del mercado paralelo, que también se regula y controla desde el Estado, pero en el paralelo, tan ilegal y rentable como el de las mismas drogas.
La calidad de los productos varía y así su calidad y efectos. Y la regla dice que la calidad es inversamente proporcional al sector social que la consume. O sea, mientras más pobre, más basura.
La tercera pata es la represión. Todo consumidor (el que elige y el que no) es un delincuente. Eso sí, el cannabis quema tranquilo en una casa quinta y no en una esquina de un barrio de los suburbios.
En este mercado de la ilegalidad un adicto que ya no puede elegir y necesita consumir es captado como mula o dealer descartable, como el próximo “hampón” en una cárcel federal, que muestra que el sistema funciona y deja el fructífero negocio en sus cauces naturales.
En síntesis, de este tema no se puede discutir ni se puede tratar a los adictos en institutos públicos, ya que no los hay, pero sí encerrar en las cárceles a los pobres, ahí donde no faltan las drogas que les vende el mismo sistema organizado desde afuera.
El negocio de las drogas funciona desde la ilegalidad. Desde allí se distribuyen zonas para luego liberarlas. El negocio construye redes donde siempre hay un salvoconducto, y una cueva para cambiar en moneda extranjera la recolección. Compran pasillos, escritorios, sentencias y financian campañas . Desde allí avanza selectiva la represión, y la muerte. Allí se aúnan la trata de personas, la trata laboral, la explotación sexual.

sábado, 8 de marzo de 2014

Dicen que el sistema narco de Mendoza tiene en una punta 23 pequeños engranajes

Diario UNO de Mendoza (página 10), 5 de marzo de 2014

El movimiento propulsor acerca un número, uno de los tantos que cuantifican la estigmatización. Esos que dicen tanto para no decir otro tanto en la misma cinética de la polea. Según los datos oficiales, desde Inteligencia Criminal afirman que en Mendoza operan 23 bandas dedicadas a la comercialización de drogas. Al parecer, estas pequeñas organizaciones habrían perdido el “control” superior, el nexo que las mantenía ordenadas, y estarían en caos en los últimos años, lo que habría desencadenado una guerra por el control de las zonas y la consolidación de sus nuevos y jóvenes líderes.
Explican que estas pandillas tienen una gran facilidad para conseguir armas y convocar gente para sus “tropas”. Así, para algunos, para lo que entran en estas estadísticas, el quiosquito de la droga se convierte en un fratricidio en las barriadas más pobres, en donde la violencia es una forma de supervivencia y de donde es difícil de escapar, por las barreras que hay adentro y sobre todo por las que se levantan desde afuera.
Hay un terreno incómodo donde todo está armado para no llegar, para que no se pregunte ni investigue, ya que a la punta de la pirámide, del mecanismo, no se llega, es intocable, y es sólo desde ahí donde se impulsan y arman todas las organizaciones policiales, militares, paramilitares y políticas para combatir el narcotráfico, el “flagelo de las drogas” y otras consignas similares.

miércoles, 22 de enero de 2014

Con Difonso se reabre el período para tránsfugas y transfuguismos

Diario UNO de Mendoza (página 10), 22 de enero de 2014

El último cacique ganso, Jorge Difonso, y los suyos son por estos días, en el mundillo político mendocino, el foco de interés, el pequeño revuelo, ya que están a punto de dar un cambio partidario, o algo parecido. Son los tránsfugas de estos días. Es la transfugación de lo que fue provincial al macrismo y ahora al massismo sin aval de los pocos jefes que quedan y que aún no se han transfugado.
Un tránsfuga no es en este caso –aunque los hechos y personajes se parezcan a la realidad– un maleante, un patán, un crápula, un cretino, un mafioso sino explícitamente lo que los diccionarios definen, y lo detallan así: persona que se pasa de una ideología a otra, o aquel que con un cargo público no abandona éste al separarse del partido que lo presentó como candidato, o el que se cambia de partido político, o hasta el militar que se va al otro bando en tiempo de conflicto.
 En síntesis, y para que nos entendamos y no se ofendan los tránsfugas, tránsfuga es solo la adjetivación que describe el accionar de un político en un tiempo y un momento.
 No se trata de una condición argentina, el transfuguismo es parte de la historia universal, de la universalidad humana, tan humana, relacionado centralmente con el poder por más que coloquialmente y popularmente se fuerce la expresión a relacionarla siempre con aspectos ilegales y escondidos, los que en algún caso podrían ser colaterales.

miércoles, 15 de enero de 2014

Luciana no es la única: hay miles de niñas y niños desamparados y condenados

Diario UNO de Mendoza (página 15), 15 de enero de 2014

No es la única, son cientos y miles las niñas y niños desamparados, abusados, golpeados. Solos, con hambre. Condenados. Y estos niños y niñas no están lejos, están detrás de las chapas, de las carretelas, los adobes, las cortinas; están en los suburbios, las barriadas, los parajes de esta provincia.
Luciana murió. Tenía tres años y la mató tanto su entorno enfermo, también condenado, como una estructura estatal corrompida que segrega, victimiza y esconde.
No es nuevo. No es una condición de este gobierno, ya que esta realidad sucedía, y la padecían tal cual, con el anterior, y con el anterior y con el anterior…
Los niños y niñas tienen derechos y prioridades, pero en su condición de ciudadanos tutelados si son pobres están olvidados, entregados a la supervivencia, y con suerte terminan siendo parte del hilo fino de esa estructura macabra y paralela de narcos y proxenetas que por un lado los explota y por el otro los juzga y apresa.
Mataron a Luciana: bronca, angustia y dolor. Cuántas niñas y niños sobreviven a esas condiciones, resisten, viven como pueden y de adolescentes reciben la condena social que los criminaliza por esas mismas formas de supervivencia.

martes, 17 de diciembre de 2013

Miedo, angustia e incertidumbre, tres aliados para la extorsión, el chantaje

Diario UNO de Mendoza (página 11), 11 de diciembre de 2013

Miedo, angustia e incertidumbre, tres buenos aliados para la extorsión. Y si quienes extorsionan cuentan con el poder de las armas, el chantaje se recrudece. Pego, hago que se peguen, dejo que se peguen, estimulo la estampida “y así, luego, negocio”.
Y ante esto están las obviedades, las de que un ciudadano común y corriente no puede andar armado, y que obviamente que entre ellos no pueden organizarse y armarse para defenderse; y claro para eso está el Estado, el que obvio –aunque se busque ocultarlo– no actúa ni defiende a todos por igual. Ese Estado es la policía y tiene policías que tienen superiores que son socios y amigos de los que administran el Estado, quienes tienen seguridad privada.
Hubo y hay un reclamo, en algunos lados amotinados, en otros acuartelados y en otros “movilizados”, obviamente que los policías están organizados. Es obvio que operan al mismo tiempo con la prensa y con los marginales, con los lúmpenes. Y así a los pocos minutos el caos, la noticia. “Y así, luego, negocio”.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Extraña charla entre un insolvente y el recaudador

Arrebatos imprescindibles, 20 de noviembre de 2013
-No entiendo AFIP por que usted insiste en que soy insolvente, porque sigue sin escuchar mis argumentos. Y me cuesta comprender eso de que soy insolvente cuando conoce mejor que nadie mis ingresos, egresos, ahorros, deudas.
-Mire ciudadano no me interesa lo que entienda o lo que no comprenda, lo que pueda demostrar o exigir, lo que necesite o lo que desee. Nosotros actuamos por órdenes superiores. Y deje de llorar que nuestras medidas generan un sinfín de alternativas, y seguro que las conoce, pero claro siempre es más fácil echarle la culpa al gobierno.
Obviamente que esto es ficción ya que acabamos de leer parte de una conversación hiperrealista entre la AFIP y un ciudadano. Pero sigamos escuchando este diálogo, ya que hay quienes aseguran que la Administración Federal de Ingresos Público es una divinidad con voz y todo; y los Insolventes, también con voz, pertenecen a una logia de personas averiadas, con trastornos límites de la personalidad.
-Mire, estamos para cosas importantes vamos más allá de un simple spot, es más, nuestro origen se constituye con el nacimiento de los Estados. Por eso no sea ridículo no vea sólo en mí una tanqueta, o un perro sabueso, o cuestiones más sutiles, eso es lo hace falta para la política express. Nosotros sabemos cómo funciona todo. Ya lo vio, un día un ex senador, que fue funcionario de los otros partidos termina reivindicando la dictadura y trayendo algún personaje siniestro. Bueno el ex senador, su padre, y los dos ex gobernadores que lo emplearon saben como dejar de ser insolventes sin pasar por el tamiz, ¿no se si entiende?

lunes, 19 de mayo de 2008

El derby o el clásico que debe ser de todos


Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 19 de mayo de 2008

Una expectativa inusual y un marco de público espectacular se vivió este fin de semana en el Independiente-Godoy Cruz que se jugó en el Gargantini.
Ya es común y reiterado (un capricho consensuado) que al derby menduco de la categoría se lo catalogue de clásico. El esperado choque entre estos equipos despertó un gran interés hasta en hinchas de otros clubes o de ciudadanos que no siguen de cerca el fútbol.
Lástima que este gran espectáculo careció de algo elemental y fue la pluralidad, ya que la AFA decidió, para este torneo, discriminar a la B Nacional prohibiendo el ingreso del público visitante, algo que no sólo le quita gran parte al folclore del fútbol, sino que además atenta contra los derechos individuales de todo
ciudadano de asistir a un espectáculo público, de reconocerse e identificarse con un color, un gusto, una preferencia.
Los choques entre el Tomba y la Lepra que jugaron este campeonato hubieran marcado, quizá, un récord de asistencia entre dos conjuntos locales.
El sábado quedó claro en el Gargantini que la violencia no es el denominador común; aun derrotados los locales (más de 15 mil personas) tuvieron un comportamiento intachable, y ya durante la semana pibes hinchas de los dos clubes se reunieron para hacer pintadas por la paz, y fue en barrios donde saben que la
mano viene pesada, ya que siempre están esos pocos que han hecho de la violencia una industria.
Tanto la AFA como el Estado nacional y provincial deben preocuparse por esos pocos que arruinan no sólo espectáculos, sino también a los clubes, a los que les generan sanciones deportivas y económicas; deben preocuparse por ésos que aprietan y violentan a hinchas propios y rivales.
Organizaciones mafiosas como las que operaron ayer en San Francisco, Córdoba, donde se presentó del Deportivo Maipú. Las puertas de los estadios deben estar abiertas para todos lo que simplemente quieren
ejercer sus derechos y su placer, como es el de asistir a un partido de fútbol.

lunes, 14 de abril de 2008

La AFA y los dueños del centro de la tribuna

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 14 de abril de 2008


Enumerar los hechos de violencia en el fútbol sería casi interminable. Se repiten en todas las categorías, ciudades y pueblos. Lo más increíble es comparar las sanciones que reciben los clubes, tan dispares e injustas.
La dirigencia de la AFA dice una gran verdad, que la violencia es un hecho social que va más allá del fútbol, y es cierto, lo que se olvidan es que los violentos han hecho una industria con la violencia y su centro de operaciones es el fútbol.
Tampoco recuerdan como muchas veces premiaron a estos violentos con viajes y otros regalitos.
Desde la AFA se olvidan también de colaborar y premiar a los clubes que desde su dirigencia trabajan
para limpiar a los clubes de éstas organizaciones mafiosas.
La violencia es un problema social, cultural y político. Pero en el fútbol la barras son, como ya señalamos,
organizaciones mafiosas a las que poco le importa el resultado de un partido o el futuro y desarrollo del
club, sólo les interesa ocupar un lugar de poder estratégico, el centro de la tribuna, donde desde la intimidación logran lugares de poder dentro de los códigos de la mafia.
Estas organizaciones, más allá de unas banderas y cánticos repetitivos y descontextualizados, están preocupadas por la reventa de entradas y otras “cuitas” que les permite la “zona liberada” con la que cuentan.
En Buenos Aires, en muchos casos tienen acceso y “comisiones” con el control del estacionamiento, con los boletos en los espectáculos extrafutbolísticos que se realizan en sus estadios y hasta en la comisión por la venta de jugadores.
La violencia es un problema social, pero es en el fútbol, por su popularidad, donde han encontrado su centro de operaciones.
Tanto la AFA como los organismos del Estado (la Policía sobre todo) deben trabajar para eliminar a esos grupos, castigar a los clubes que los bancan y sostienen y premiar a los que están buscando recuperar al verdadero hincha, a ese que hace mucho piensa dos veces antes de ir a la cancha, donde se siente inseguro y desprotegido.

lunes, 9 de julio de 2007

Suspensiones, clausuras y descuentos

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 9 de julio de 2007

Los descuentos de puntos, la clausura o suspensión de estadios y la prohibición del ingreso de público (total o de visitantes) sólo afecta la economía de los clubes, la estabilidad de éstos y las libertades individuales.
Con la excusa de “combatir” a los violentos, tanto el Estado como la AFA les obligan a los dirigentes de
los clubes a negociar con esa organización mafiosa que es la
barrabrava.
Un Estado ausente y una AFA encerrada en sus intereses terminan dejando sin solución a los verdaderos hinchas, a los socios y a los amantes del fútbol.
Les otorgan la obligación de la seguridad a los dirigentes de los clubes, cuyas obligaciones son otras, entre ellas no promover la violencia.
El Estado condena indirectamente el sostén económico de la gran mayoría de los clubes. Las recaudaciones (se consiguen con la asistencia de los hinchas) les “limpian” el terreno a las mafias barrabravistas para que
extorsionen a los dirigentes pidiéndoles entradas, micros y dinero, todo esto a cambio de no hacer suspender el estadio.
Ese grupo, ese ruido monótono que llega ya empezado los partidos y durante éste siguen con su simple ritmo a destiempo de lo que sucede en el juego, cumple con su ritual que desde hace años le da forma organizacional para sostenerse y negociar con sus amigos en la Justicia y en los gobiernos; esos que los protegen, los esconden y los emplean para otros trabajitos.
Ir a la cancha es un derecho de “todos” y la seguridad es una obligación del Estado, que se debe hacer cargo de su viejo invento: los barrabravas.
Son los clubes los que cumplen una función fundamental en la sociedad y son éstos los que pueden salvar al fútbol.
La proscripción, las cancelaciones,las suspensiones y las quitas de puntos son sentencias que hacen daño, pero son hipócritas, son nubes de humo de quienes no quieren tocar estructuras que no les convienen rozar y
terminan castigando al fútbol, al aficionado y sobre todo a los clubes.

domingo, 29 de octubre de 2006

Organización y racionalidad de la violencia


Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 29 de octubre de 2006

Tienen sus tiempos, son organizados (y hasta militarizados), verticalistas y poderosos. Les dicen hinchada,
barra brava, pero en realidad son organizaciones complejas. No son todas iguales, están las pasionales y las profesionales; las primeras responden desde el entorno al juego, las segundas hacen de su juego una parte del espectáculo.
Pero hablemos de las segundas, de ésas que llegan con el partido bien empezado, donde nadie les puede
ocupar su “territorio”, donde cantar es un oficio, a un ritmo monótono y descontextualizado con lo que pasa en la cancha, y con los otros espectadores.
Se hacen temer, son un producto del espectáculo, generan admiradores y seguidores.
Las hinchadas profesionales son organizaciones, mafiosas por cierto, que venden un producto, la paz. La suspensión de una cancha, la mayor o menor concurrencia de espectadores (por miedo), la continuidad de un técnico y hasta de la dirigencia, dependen de ellos, de ésos que ven los partidos de espalda, que dicen dar “la vida por sus colores”. Su principal arma es la violencia física.
Su territorio, ése que es inviolable, no sólo es el centro de la popular, tienen sus territorios liberados en
sus barrios, donde también hacen valer su poder violento. Y es también en la cancha, en la popular, donde las facciones de esas hinchadas pujan y demuestran su fuerza por el control del poder.
No son irracionales o inadaptados, todo lo contrario, tienen objetivos claros y metas definidas, que obviamente nada tienen que ver con el fútbol.
Tienen también poder e impunidad,que han conquistado gracias a sus  tareas con un bombo en un acto político, con la “zona liberada” para el proxenetismo y los “trabajitos” de camellos (entrega de drogas), o
con el “apriete” por entradas para vender, o por “seguridad”.
No son tantos, cuentan con impunidad en un proceso de barrabravización donde nada tiene que ver con el sacrificio de esos miles que llegan a un estadio para alentar y mostrar su pasión, su identidad con un club, un barrio, una historia.

domingo, 16 de octubre de 2005

Ir a menos, algo que da asco y se institucionaliza

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 16 de octubre de 2005


Con una naturalidad incomprensible y exasperarte, el tema de conversación en Sudamérica fue si la Selección argentina de fútbol fue a menos ante su par uruguaya en el cierre clasificatorio para el Mundial de
Alemania 2006. Antes y después del partido se tejió un complejo entramado de dudas, fantasmas, trascendidos, suspicacias, antecedentes sumado a complejas interpretaciones de orden histórico, cultural, y hasta geopolítico.
Convertido en ritual, el fútbol adquiere hasta códigos místicos e ir a menos es una categoría que parecería impenetrable, pero sin ninguna vergüenza es un valor más, ya naturalizado, en el espectáculo todopoderoso
que manipula sin resentimientos al juego.
El “Ir a menos” debería producir asco y ser denunciado, condenado.
Ir a menos es corrupción, putrefacción, delito, estafa, traición.
El juego vencido a los pies del espectáculo, el hincha contradictorio, feliz del romanticismo nacionalista aunque soporte consolidado, como espectador-consumidor, del triunfo de los valores de la empresa sobre
la sociedad civil, de la rentabilidad sobre la utopía.
“Rioplatenses” o “Andinos”, sí, increíbles categorías para justificar vaya a saber qué en el orden globalizado de uno de los beneficiosos brazos de la FIFA, las Eliminatorias Sudamericanas.
Múltiples identidades conforman cada selección, tan símiles entre ellas con jugadores de estilos e ingresos europeizados más preocupados por encontrar la plataforma para mostrar su producto que por escenificar ese ritual, que es el juego fútbol.
Es válido desconfiar, pero no naturalizar. Ir a menos es traicionar a los suyos, a los que depositan afectos, sentimientos, expectativas, tiempo y valores en el fútbol y sus protagonistas.
Perversidad periodística o realidad. Ir a menos no sólo es “venderse”, es ir con la pierna blandita, no exigirse al máximo, pero también es regocijarse con un acto de corrupción, no denunciarlo, no criticarlo, no asquearse.

lunes, 4 de julio de 2005

¿Los puntos no se ganaban en la cancha?


Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 4 de julio de 2005

¿Es un juego o qué? La sanción, sobrevalorada, parece la esencia del enfrentamiento entre contendientes. Sanción dueña e intérprete de reglamentos, sanción matizada de prejuicios, valores, réditos.
¿Dónde se ganan los puntos, la clasificación y los torneos?
Obsesionados por la sanción y la condena, los límites de los campos de juego se han abstraído.
Conquista y poder, apelación. Oficinas, protesta, lobby, votación, coerción.
La cancha es el estadio, el estadio es la sociedad. El juego es la política, la política es el orden, el orden es el
poder.
Mientras buscan una explicación, por cierto no muy profunda, y una solución aun menos profunda sobre la violencia.
La discusión esta semana en el mundillo de nuestro fútbol ha sido cuál debe ser la sanción a los clubes donde se producen estas manifestaciones, algo nada nuevo y siempre conflictivo.
Vale preguntarse quiénes juegan los partidos y cómo se ganan: ¿en las tribunas, en la Liga...? ¿Es un ministerio?
La popularidad de un deporte lo convierte en un botín. Se presta para el espectáculo, el comercio y la
trascendencia, en muchos casos del dirigente, que logra la presencia mediática que no tendría en otros ámbitos sociales y que le sirve como trampolín político.
Los puntos se ganan en la cancha, y lo hacen los jugadores. Cuando se viola esta esencia, se violenta el
juego, se lo manipula, dejando un claro mensaje: siempre hay un tercero en condiciones de cambiar la historia. Y así, cada cual con su lenguaje, con sus códigos, sus necesidades, soberbia, fuerza y poder, intentará invadir la cancha, desde las tribunas, las oficinas, las comisarías o los ministerios.
Siguen faltando soluciones de fondo. Lo extradeportivo ha invadido el juego, las especulaciones y el desprecio suman más odio y discriminación. La violencia se manifiesta de muchas formas, con piedrazos, con candados y hasta con proyectos de aumentar las entradas para excluir de las tribunas a los más pobres.

domingo, 30 de enero de 2005

El agua, un bidón y toda la argentinidad


Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza. 30 de enero de 2005

El agua, elemento con fuertes y milenarios significados en todas las culturas. El agua, el fútbol, la Argentina, la argentinidad y un bidón fueron noticia en el mundo. Quince años después terminó por desnudarse un secreto, por reconocerse un accionar como de su complicidad y colaboracionismo.
En el Mundial ´90, entre los bidones de agua de nuestra selección, había uno para los rivales y estaba contaminado con sedantes (dopado, envenenado).
Por lo menos un jugador de Brasil sufrió la consecuencia y con el tiempo cayó el mito al ser reconocido, pero como "picardía". ¿Y ante esto qué? Grondona le dio duro a Maradona por revelar el hecho, Bilardo no lo termina de reconocer, otros como Pedro Troglio, hablan de las enseñanzas que dicen que "no hay que tomar agua del rival". Otros festejan el hecho como si se tratara de una gracia y hasta de una conquista.
Envenenar el agua del rival es una falta de lealtad, de códigos, de ética, de profesionalismo, de escrúpulos, es un perverso acto de corrupción. Se trata de una actitud netamente antideportiva.
Picardía o un acto miserable. Sí, un acto miserable a cargo de un médico, Carlos Bilardo, al que se le tendría que prohibir pisar una cancha de fútbol, un símbolo de una sociedad decadente, ventajista y desleal. Grondona le debe una gran explicación a la FIFA y ésta tendría que sancionar al fútbol argentino, a sus dirigentes. Por acá todavía esperamos un mea culpa por parte del zar del balompié nacional.
Si seguimos festejando actos como éstos, idolatrando a los violentos de las tribunas, después no nos quejemos, el fútbol es nuestro espejo y nos regocijamos sobre los espejismos que generan las manifestaciones más corruptas.
Recordemos que nuestro país organizó un mundial para ocultar un genocidio, y como si fuera poco, hasta compró un partido, parece que no aprendimos, que seguimos encandilados por el mismo circo para el que todo es un acto mínimo, una picardía, la que nos desvaloriza cada vez más como personas.

domingo, 13 de junio de 2004

Un sheriff sólo ofrece violencia

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 13 de junio de 2004


Parece que le gusta el rol de sheriff, de hombre de mano dura, y lo peor es que desde arriba se lo festejan y lo apoyan.
Javier Castrilli (director del Programa de Seguridad de Espectáculos Futbolísticos, PROSEF), con una medida llena de contradicciones deja un precedente patético para el fútbol argentino y para el ejercicio de las libertades.
Si se prohíbe algo tan banal y sencillo como identificarse con un club de fútbol, qué queda para las manifestaciones ideológicas, religiosas, o de orientación sexual que no responden a la norma establecida.
Prohibir el ingreso a un lugar público por tener gustos diferentes es simple y llanamente discriminación.
En sentido peyorativo se ha puesto de moda la categoría de “visitante”, como la de “diferente”, que no es nuevo y se manifiesta como un justificativo para considerar como enemigo al otro.
El fútbol es una manifestación pública, no privada. Los clubes son sociedades civiles, no fuertes militares. Y los árbitros sedientos de protagonismo y devenidos en funcionarios son lamentables.
Para el superclásico del fútbol argentino los hinchas visitantes no pueden concurrir al estadio del equipo local. La normativa no sólo es violenta en sí misma por su discriminación, por la desarticulación de una escenificación, sino por los valores ocultos que propugna: rechazo, intolerancia, violencia, segregación.
El mensaje defiende el sentido de unicidad, de intransigencia, sin sutilezas se dice que todo aquel que sea distinto, que se vista de otro color es un indeseable, un enemigo, lleva a ver a los otros como integrantes de guetos peligrosos, que no deben pisar ciertos terrenos. Se trata de medidas belicistas, militaristas, muy cercanas a las patéticas décadas de plomo.
Escudado en nombre de la seguridad, repugna ver cómo evade atacar a los verdaderos violentos. La violencia en el fútbol no es el “fanatismo”, ni las banderas, ni los cánticos, ni las camiseta, ni las cargadas. Se trata de organizaciones mafiosas.
El poder desde hace tiempo ha extendido sus tentáculos dentro del fútbol, y con códigos mafiosos, tanto políticos, gremialistas y empresarios amparan, protegen y promueven a quienes se encargan de sus trabajos sucios, los que van desde la reventa de entradas hasta el narcotráfico, aprietes, secuestros y proxenetismo. El método: la violencia, la impunidad.
Estos, los barrabravas, con las nuevas medidas, no tendrán a los de enfrente para demostrar su poder, pero siguen teniendo a los de al lado y a los de abajo para demostrar que ellos mandan en su localía.
El poder los ampara, necesita convivir con sus matones y enmascarar una acción como políticamente correcta atacando el color visitante. Hipócritas que generan un segregacionismo para no tocar los intereses mafiosos que hay insertos en el mundo del fútbol. No les importa desvirtuar el juego, el deporte, el espectáculo, los sentimientos. No les importa pisotear tantos años de lucha por la tolerancia.