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viernes, 22 de mayo de 2015

El juez y el político en la lógica del show: discriminación, machismo y homofobia

Diario UNO de Mendoza (página 7) 20 de mayo de 2015

Piombo, el juez homofóbico
Se trata del misógino y exitoso programa de la noche; se trata de lo que cantaron, de lo que se dijo antes, durante y después del violento y frustrado superclásico del fútbol del jueves pasado; se trata también y sobre todo del argumento de un par de jueces para bajarle la condena a un violador. Discriminación, machismo, homofobia. La burla y la estigmatización. Esos mecanismos de control y dominación tan presentes que de una forma u otra se van potenciando entre sí, se necesitan y se alimentan, y sobre todo se protegen. Y así, por ejemplo, el conductor, mientras ridiculiza a políticos, agradecidos de ser ridiculizados, se candidatea para conducir el fútbol argentino y recibe el apoyo de esos funcionarios que tienen el apoyo de barras que tienen arreglos con jueces.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Xenofobia: prejuicios y excusas al servicio de la represión

Diario UNO de Mendoza (página 7) 19 de octubre de 2014

Parece que hay quienes saltan muros, quienes pasan los límites y quienes no reconocen banderas. Externos o internos son extranjeros por no contar con una documentación, por portar una lengua, dialecto o tonada desconocida, por poseer rasgos o huellas que no coinciden con lo que se impone como típico, o por actuar en contra de lo establecido.
Y con ello el temor, el odio, la persecusión.
¿Si a un gobierno se lo define por lo que hace y dice su secretario de Seguridad qué mote le cabe al argentino? La definición sería cerrada y violenta como el personaje que genera la pregunta: el militar y ex agente encubierto, el hombre que desde 1991 acompaña al kirchnerismo, primero desde la Patagonia y luego en la Nación, el encargado de llevar adelante las políticas de Estado que se contradicen con el relato “humanista y de tolerancia”. Se trata de Sergio Berni.
“El país está infectado por delincuentes extranjeros” que viajan a la Argentina para “delinquir”, expresó generalizando Berni, quien, como médico cirujano, le gusta combatir infecciones, y en su condición de teniente coronel nada mejor que utilizar el instrumental que más conoce, el armamento, y el “personal” que le proporciona el Estado para aniquilar esos quistes, esos gérmenes, esos virus que son los extranjeros, que son la gran enfermedad de este país según las últimas radiografías obtenidas en la clínica de la Santa Pulcra Argentinidad. Los dichos de Berni acompañan la arremetida oficial de imponer un nuevo Código Procesal Penal redactado para contentar a xenófobos y racistas, nada nuevo y retomado también en otras latitudes donde extrañan a tiranos y dictadores. Una cortina de humo con la que siempre terminan pagando los mismos, los pobres, y entre ellos los exiliados económicos. Recorramos la historia y veamos cómo el enemigo interno, el enfermo, que parece extranjero, contagia y genera nuevos enemigos internos.
El funcionario que encabeza la lucha contra los extranjeros y la “laxitud judicial” es considerado el soldado K, un estratega, un hombre de confianza de la Presidenta.
Berni es quien controla la fuerzas federales, esas que bajo sus órdenes desde hace meses vienen espiando, hostigando y reprimiendo a puro palo y bala de goma a huelguistas, piqueteros, despedidos, organizaciones sociales, partidos de izquierda y hasta a legisladores, de izquierda, claro. Todos estos también son, junto con los extranjeros, la pus, la gangrena infecciosa que este país necesita combatir.

domingo, 22 de enero de 2006

Evo visibiliza una realidad que vivimos a diario


Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 22 de enero de 2006

En un hecho histórico Latinoamérica tiene un presidente indígena, quien ayer fue investido, en una emotiva ceremonia étnica, como el máximo referente de los pueblos originarios del continente, se trata de Evo Morales, un aymara, que es el primer mandatario boliviano.
¿Pero que tendrá esto que ver con un suplemento deportivo? Mucho.
“Igualdad y justicia” fueron algunas de las palabras que enunció Morales en la ceremonia que se desarrolló en el templo Kalasasaya en el santuario de Tiahuanaco.
Si el hombre que asume hoy como presidente de Bolivia visibiliza una realidad de más de 500 años de exclusión, discriminación y persecución, sería bueno que hiciéramos lo mismo, visibilizar lo que sucede en nuestro ámbito. Y nos metemos en el deporte, que es lo que nos obliga.
Nuestras disciplinas deportivas, sobre todo las populares, también las practican pibes y pibas de los pueblos originarios, participan de éstas cargando con una tradición de ocultamiento y desprecio por una sociedad intolerante y racista.
Son excluidos, maltratados, despreciados, discriminados, en un maltrato cotidiano e institucionalizado.
Actitudes y palabras bastan para comenzar con ese cargamento xenofóbico que los señala como “otros”. Si bien pertenecen milenariamente a estas tierras, esa huellas que la dan su particularidad, su personalidad, son suficientes para ser tratados como extranjeros, indocumentados, como ciudadanos de segunda, son los que pertenecen al grupo de los que nunca llegan a una beca, a los servicios y garantías mínimas a los que está
obligado el Estado, el principal ejecutor de la desigualdad en el deporte, consumada en la Subsecretaría de Deportes.
Aceptar cantos o insultos racistas y xenofóbicos en una cancha, un comentario despectivo en un camarín, es un folclore siniestro que reproduce, refuerza y potencia la constante cultural de la exclusión.
Desde todos los sectores se puede cambiar, y el deporte, como fiel reflejo de la sociedad, tiene que dar el ejemplo, y comenzar a cambiar la historia.

domingo, 17 de abril de 2005

Desábato, ese muchacho del interior

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 17 de abril de 2005


Este muchacho es un hombre del interior. Esta fue una de las frases con las que don Julio Grondona salió a defender a Leandro Desábato, el jugador de Quilmes que estuvo detenido en un paródico y mediático procedimiento, acusado de injuria calificada tras proferir insultos racistas al delantero del San Pablo Grafite.
El racismo y la xenofobia son moneda corriente en un mundo que se caricaturiza y plasma como constante naturalizada en el fútbol. Los códigos de la cancha superaron sus límites y generaron un escándalo diplomático.
¿Qué quiso decir don Julio con que Desábato es un muchacho del interior? ¿Que también es un “negro de mierda”?
Desábato pagó caro el utilizar una expresión común y habitual en un vocabulario limitado de un país tan
racista y xenófobo como sus vecinos.
¿Qué culpa tiene Desábato de que el argumento central, festejado e institucionalizado, difundido y aceptado,
de toda hinchada gire alrededor del racismo, la xenobofia, la homofobia y el sexismo? ¿Qué culpa tiene el defensor de Quilmes de que un diario deportivo haya alguna vez titulado “Macacos” con referencia a los  brasileños?
Ronaldo y Roberto Carlos son blanco de insultos racistas en Europa, donde en las tribunas militan en forma abierta grupos fascistas y neonazis que adoran un modelo de sociedad que carga con millones de muertos.
Leandro Desábato está pagando caro, como chivo expiatorio, las consecuencias de ser protagonista de un espectáculo colectivo, de intensidad dramática e hipermediatizado, pero sobre todo de ser inconsciente de la carga valorativa, histórica y política que tienen las palabras.
Pero, por otro lado, el brasileño Grafite da un ejemplo a seguir: todo tipo de discriminación debe ser denunciada.
Grafite encontró un arma para exigir justicia e igualdad.
Que las derivaciones diplomáticas con objetivos políticos y la exagerada mediatización no se sean excusa para no reconocer que vivimos en una sociedad que discrimina por la raza, el color y la sexualidad de las personas.

domingo, 14 de noviembre de 2004

La intolerancia tiene formato de superclásico

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 14 de noviembre de 2004


Pasó el superclásico, el River-Boca, el ícono de nuestro fútbol. ¿La popularidad, lo pasional del balompié existiría sin su entorno?, seguro que no. Folclore de banderas, cánticos, y cargadas.
Tradición, rito de violencia, intolerancia y enajenación. Se proyectan dos bandos por casi inentendibles simpatías futbolísticas y se teje todo un armazón ideológico, moral y político detrás de ello.
Casi la mitad de las banderas que llevó la hinchada de River eran argentinas. El emblema nacional empuñado como arma nacionalista, chovinista, xenófoba.
Mostrar al otro como extranjero como el lindante, el de la frontera cultural, acusar al de enfrente por sus huellas provenientes de los pueblos originarios. La broma hecha racismo.
Después llegaron las cargadas, los afiches (institucionales y costosos), otra parte de la  ceremonia donde
el ingenio trabaja con recurrentes estereotipos, sobre todo de violencia sexual, de sexismo.
El fútbol no deja de mostrar una sociedad patética que en las tribunas y las calles aprovecha para dejar fluir su mierda intelectual, sus odios y represiones.
Esplendor aceptado hasta la revancha, y luego habrá otra para sublimar sobre esta pobreza, que es mucho más fácil que denunciarla y cambiarla.El entorno hace al objeto y sobre este se reconstruyen los sujetos.
Hace rato que el fútbol se escapó del deporte, que el deporte se escapó del deportista, que el deportista se escapó de su humanidad.
Por acá los hinchas en un acto masoquista y suicida ingresaron a la cancha, golpearon a sus propios jugadores y condenaron a su equipo (vía sanción) a un casi seguro descenso. ¿Tienen la culpa el club de sus hinchas? ¿Qué sería un club sin sus hinchas? Como esos dirigentes que se  acuerdan de un torneo al que subestiman e ignoran, dos semanas antes del final y para no descender ponen a los profesionales.
El entorno es el fútbol, el entorno no tiene códigos, es poderoso e impune.