Relato, publicidad, camellos voladores en la televisión. Ofrendas. Reverencias. Ofertas, ferias y cuotas. Nacionales e importados, los juguetes. Premios y castigos, a los chicos. Pastito y agua, en las veredas. Esperas. Y pedidos, sueños, extorsión. Explicaciones perversas, silencios y excusas. Otra vez el mundo de los niños avasallado, usurpado, idiotizado, mercantilizado.
Pero para estos pibes y pibas rebeldes e inconformistas, que quizás ya no eran tan pibes y pibas, se trataba de personajes forzados, uno de ellos, el mismo tipo que se sacaba el rojo disfraz de panzón barbado y se ponía uno más brillante, liviano y una corona, y ahora con dos amigos también de ropaje coloridos. Dicen entender la farsa, una de las tantas que les inculcan para fortalecer las culpas, y por lo menos con esta actuaban y pedían la abdicación de los Reyes Magos, querían los camellos liberados junto con el oso Arturo y el tortugo Jorge también.
