Diario UNO de Mendoza (página 10), 3 de febrero de 2016
Que los hay, los hay. Que irritan, sí, y mucho. Pero que la culpa es de los ñoquis es sólo propaganda, es uno de los ítems de la receta de esos carniceros que amasan todo lo que tienen enfrente para hornear delicatessen para pocos.Ya está claro que la fórmula para la prometida “pobreza cero” consta de despidos masivos, techo a las subas salariales, caída del nivel adquisitivo, inflación, impuestazos, caída en el consumo minorista. Nada nuevo para viejas recetas a las que no le faltan los personeros de turno: el que decreta los diagnósticos y el tratamiento, el que fabrica y distribuye los paliativos y el que administra rejas y cerraduras.
Para el Estado-empresa todos, pero todos son ñoquis, sobra gente por todos lados, sobran sueldos y a éstos les sobran ítems, incentivos, horas extras y sobre todo pesos.
Todos los días echan “ñoquis” y a “punteros”. Se desgrasa diría un gorila en boga. La expulsión masiva de ñoquis tiene una metodología: un puntero señala a alguien al que se lo cataloga como ñoqui para proteger a un futuro ñoqui que se convertirá en nuevo puntero y luego en funcionario que obedecerá a la receta de turno. En síntesis, los que caen en la volteada son laburantes, son lo que se quedan sin su trabajo y pasan a engrosar la lista de despedidos, término que no se utiliza ya que prefieren decirle bajas.
