Diario UNO de Mendoza, miércoles 9 de noviembre de 2011
ruedo político, se trata de “vendehumo”, la que el diccionario convirtió en una palabra. Se utiliza toda junta, con acento y “s” final, o sea: vendehúmos. Quién la dijo y a quién, poco importa, pero bien valdría alertar sobre la cantidad de vendehúmos que hay.
En realidad se trata de un eufemismo. Al vendehúmos lo podemos describir como un cínico, un chanta, un crápula, un estafador, un mentiroso, un embaucador, un manipulador, un hipócrita.
No se trata de un mitómano, ya que sabe lo que hace y cómo hacerlo. Es más, gracias al “vendehumismo”
se han constituido como seres sociales y se han catapultado para ocupar un rol protagónico, aunque no necesariamente sea en escena.
El vendehúmos se para en un pedestal, utiliza la fanfarronería, la sensiblería y argumenta con estridencia
–aunque la mayoría de las veces no conozca de fondo el tema– para concluir en una promesa. Esta es la clave del vendehúmos: prometer, ofertar, ilusionar.