Diario UNO de Mendoza (página 10), 2 de abril de 2014
Todo se mide en lo más simple e inmediato, el número (el que se entrega a las estadísticas de café sin método) al que se lo abrazó al primer adjetivo rentable, y punto.
Por unos días el recuento, traducido siempre en cifras, no es de muertos en accidentes de tránsito, adolescentes suicidados o de los días de paro de los docentes. Ahora lo que se lleva al momento en las pizarras es el recuento de los linchamientos (o sus intentos). ¿Cuántos son? ¿Y en cuánto tiempo?
Van 10 u 11, y en los últimos días deben de ser 15. ¿Ya es moda? Los “linchamientos” hasta no hace mucho estaban relacionados con cuestiones de segregación, xenofobia y racismo, donde un sector con poder decide monopolizar su poder por fuera de su propio orden legal. Los linchamientos del ahora y por acá, los que tampoco son nuevos, también están cargados de racismo y desprecio, pero es más fácil encasillar el tema bajo el tópico “inseguridad” y en el justificado cansancio de la clase media de que le roben, de que viva enrejada y con miedo. Así justificamos social y políticamente las consecuencias de algo que para los dueños de los piolines conviene que siga así y cuando se les desmadre saldrá a un linchamiento institucional y masivo para linchados y linchadores, para estigmatizados y héroes de noticiero. Y ya no serán 13, 14, serán miles, tal que los linchados, sus víctimas y sus victimarios con suerte sólo son y fueron eso: números.
