domingo, 30 de mayo de 2004

La mujer, tratada como objeto

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 30 de mayo de 2004


“Un estadio lleno recibe con una ovación el ingreso de las mujeres a la cancha”, dice el relator, claro se trata de las porristas. El deporte es perversamente explícito, y no está aislado. Acompaña la historia de la humanidad canalizando y magnificando las ideas en boga.
En el deporte, como en tantas otras manifestaciones, se discrimina, por la condición de clase, de raza y sobre todo de sexo.
La cuestión de género: los roles asignados culturalmente a hombres y mujeres están en evidencia y no queda más que ver la realidad, tomando las ideas de la luchadoras feministas, no queda ninguna duda de que en el deporte se potencia el machismo y la dominación masculina.
En 1894 el aristócrata francés barón Pierre de Coubertín instauró los Juegos Olímpicos de la Modernidad. Para este idealista los Juegos eran la exaltación solemne y periódica del estado físico masculino con el aplauso de las mujeres como recompensa; también consideraba que la participación de éstas en las competencias debería ser totalmente prohibida.
Moderno e ilustrado, a la hora de la división sexual en el deporte se inspiró en la caballería medieval y la antigua cultura griega: el héroe olímpico debía ser un hombre y adulto.
Más allá de las luchas y las conquistas de las mujeres por sus derechos, la idea central sigue siendo la misma, ya que el rol que se le asigna a la mujer es la de propiedad del varón, la de un menor de edad.
El espectáculo, el merchandising y la televisión muestran una escenificación nueva, o el aggiorno de una conocida. No se desarrolla el deporte femenino, ni se difunde, no sabemos el nombre del equipo, o la goleadora del Campeonato Nacional de Fútbol Femenino, pero sí reconocemos a las Diablitas, o las Boquitas, las porristas de los clubes populares.
Las porristas son la triste superación del póster de gomería. Tienen nombre propio, pero como organizaciones, con marca registrada y pertenecientes a gerenciadoras y empresas que sólo buscan hacer redituable el deporte y nada mejor que apuntar a la libido y reducir a la mujer a la condición de objeto sexual.
Porristas (en el fútbol, el básquetbol o el vóley), promotoras (en el automovilismo) y chicas ring (en el boxeo), es el ideal de Coubertín instaurado en la cultura fashion, la del hombre, un macho fuerte, agresivo, representante de los ideales de la nación, lo popular, dueño de la meta y los laureles. Mientras que la mujer es ingenuidad, seducción, sumisión, belleza, pasividad, baile y una forzada alegría. Hombres a ganar, mujeres a gustar, a lucir esos cuerpos de una estética establecida y lejos de la de una deportista.
Los atributos no son propios, son sociales y sobre todo rentables. Lentejuelas y minishorts, coreografías. Fotógrafos que apuntan y el protagonismo asegurado. El deporte no es ingenuo, si sirvió para sostener chauvinismos, dictaduras y tiranías, cómo no va a potenciar una milenaria cultura misógina, machista y patriarcal.

domingo, 16 de mayo de 2004

Algo más que simples becas

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 16 de mayo de 2004


Quejas y cuestionamientos llueven desde que la Dirección de Deportes de la Provincia entregó las becas deportivas. Hay quienes se sienten marginados y exigen “los mismos derechos”.
El presupuesto es chico, la necesidad es grande y los métodos de selección son poco claros. Pero es injusto juzgar y acusar a los responsables del área de Deportes provincial, ya que los procedimientos de subvención
y subsidio son recurrentes y funcionales a una forma histórica y anacrónica del quehacer político.
La condición de becario, tanto en instituciones universitarias, de investigación y otras, es una prebenda para privilegiados.
Quienes llegan a recibir estos estímulos económicos están formados y son conocedores de los mecanismos para estar entre ese grupo de elite social y cultural, apañados por sus propios niveles de status y jerarquía.
Es sin duda la clase social y el nivel como formación educativa lo que los deposita en los caminos correctos para llegar a sus metas.
En el otro extremo, sobre las necesidades más básicas y en los sectores más populares, los alicientes económicos se llaman planes Trabajar. Políticos que depositan en un puntero la administración de un presupuesto y utilizan la situación desesperante de distintas personas para intereses partidarios y personales.
Si centramos la mirada en las becas deportivas, cuesta entender a quién están dirigidas.
El amplio espectro del deporte y sus protagonistas es complejo y abarca lo netamente deportivo, lo cultural, lo político y lo social. Sobre los que no están becados y tenían “méritos”, el director de Deportes, Oscar
Morales, dijo: “Algunos no se inscribieron cuando hicimos el llamado por el diario”.
Obviamente las disciplinas masivas y populares fueron las que menos inscriptos tuvieron y menos recibieron. Son estos deportistas los que están más alejados y hasta expulsados de los códigos y mecanismos culturales, educativos y políticos, y como se ve, tampoco hay mucha intención de incluirlos.
Es ridículo creer que la información llaga para todos igual.
En su mayoría, las becas parecen apuntar sólo a los nenes/as bien que tienen tristeza, con papás influyentes que saben cuándo y dónde colocar el currículo de su hijo/a.
Las bases para obtener las becas tenían como requisito no haber cometido inconductas deportivas. Sin embargo, esta norma no fue considerada igualmente para todos/as los/as deportistas. Se excluyó de becas a
deportistas que cometieron algunas faltas o inconductas, al mismo tiempo que se premió a otros/as deportistas con faltas o inconductas aún más graves. Se han tenido en cuenta deportistas que desde hace años ya no viven en el país y también a otros/as cuyos méritos son mínimos, como a disciplinas casi sin práctica activa.
No todos los deportistas son iguales, no todos los deportes son iguales. Reconocer las diferencias y las desigualdades es importante para no profundizar las injusticias en la distribución de los pocos y escasos recursos.
Una política deportiva seria debe considerar estos aspectos necesariamente a la hora de premiar el mérito, logros y metas alcanzadas. Como también tomar una decisión abierta cuando se tenga en claro cuáles son las prioridades, las disciplinas a fortalecer y objetivos a cumplir.

domingo, 2 de mayo de 2004

Diego Armando Maradona, ¿qué te han hecho?

Suplemento Ovación (página 2), 
Diario UNO de Mendoza, 2 de mayo de 2004


Juzgado, sojuzgado, perseguido y conquistado. Huye ese dios y demonio, tan cerca de sus tantos y tan lejos de su intimidad.
¿Qué se ha hecho de ese hombre?: se lo ha desmembrado. Gentíos ven en él la identidad, la imagen de un salvador mundano alcanzable y único. Otros saben que esos gentíos consumen, creen, sueñan y hasta se cuelgan una imagen santa cuya figura no deja de ser un sponsor.
Lo enfermaron, lo humillaron, lo endiosaron y lo volvieron a humillar, a enfermar. Se sigue escapando con menos fuerzas y cayendo en viejas redes.
Maradona, ¿qué te han hecho? Te exigen ser profeta y mandan ejércitos inquisidores en tu contra. Te obligan a ser modelo y se regocijan con tus nobles contradicciones. Te piden que te salves mientras licitan la firma para tu epitafio.
A Maradona, el Pelusa que quiso jugar y jugó, regocijó y también ganó, le llegó su condena disfrazada, embellecida, pero lar­ga, tortuosa, eterna.
Opinólogos, hipócritas prejuiciosos tan cerca del narco y testaferros de la moral han embargado tu Ser, tu ahora, te siguen apresando y ese exilio que corre por tus venas, ese que encontrás en forma desesperada te mata. Te matan.
Estás incomprendido también por esa corte rapiñera de aduladores celosos y envidiosos. No les conviene y te fuerzan a re­currir y vitorean cuando te das la espalda.
Dejen en paz a ese hombre que fue genio y mago con una pelota, no chupen más su forzada y expuesta sangre. Dejen que ese hombre sencillo y solidario se reencuentre, se reconstruya, que respire su aire y que le lleguen sus vientos.

domingo, 11 de abril de 2004

¿Qué fue del club?


Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 11 de abril de 2004

Qué fue del club, de esa conquista de un espacio físico de vecinos, gremios o cultores de una disciplina en común, de autocontención, desarrollo y proyección. En pocas décadas los cambios económicos terminaron
por no cambiar la economía pero sí por destruir las organizaciones de base, las de abajo, las fundamentales, las horizontales, las populares, las de la gente.
La moda fue la tercerización, el gerenciamiento, sutilezas de privatización. Se exportaron modelos y se intenta implantar sobre las ruinas de lo que fue e intenta sobrevivir.
Empresarios, dirigentes federativos y funcionarios se han distanciado del club y su gente. Han generado una macroestructura donde buscan hacer del deporte algo distinto.
En el fútbol, por ejemplo, se han llevado a cabo alianzas ambiciosas –más políticas que sociales– que terminan en fusiones que desdibujan el color de las casacas y se alejan del sentimiento de sus hinchas y la historia de las instituciones (como la Asociación Atlética Luján de Cuyo). Las gerenciadoras, salvo excepciones, han asumido una apropiación de los deportistas que son vistos como mercancía, aunque en nuestro medio recurren a la costumbre de contratar jugadores y técnicos foráneos integrantes de un repetitivo séquito de abonados que queman sus últimos cartuchos y que con su desgano les quitan la posibilidad a los jóvenes locales.
Van de un club a otro como salvadores de la nada. Se trata de grandes inversiones, pensadas en un desprolijo corto plazo, que agonizan y fracasan sobre sí mismas sin ninguna planificación para el futuro.
Los socios y simpatizantes ya no tienen injerencia en los clubes. Un pequeño grupo se encarga tanto de lo dirigencial, gerencial como del mercadeo de deportistas.
Pero las federaciones y asociaciones también son cómplices de esta situación: con sus hombres fuertes han tomado un distanciamiento de las instituciones base.
Otro ejemplo es nuestro ciclismo, donde todo se mueve alrededor de dos escuadras (sponsors) y los clubes sólo son sellos ajenos al deporte pero bancados por algún dirigente, quien los usa para el día eleccionario.
En el boxeo todo gira alrededor de los clubes y gimnasios, que crecen y proliferan, pero ninguno tiene personería jurídica y representación real en la Federación Mendocina, compuesta por instituciones fantasmas en la práctica pugilística.
Como generalidad y salvo un par de disciplinas, el deporte mendocino sigue en baja, profundiza su crisis y se consolida como colero en el país. Mientras sigan intentando copiar formatos foráneos, buscando la popularidad y la masividad terminarán construyendo sobre el aire la nada, más allá de grandilocuentes nombres y proyectos.
Pero no todo es tan negro. Aún se puede seguir creyendo. El rugby –más allá de haber perdido su moral amateurista– supo cuidar y potenciar sus clubes, una cuidadosa organización federativa que terminó con la
concreción para Mendoza del Campeonato Argentino. Hay expresiones más populares, como los gimnasios de boxeo que crecen en el anonimato, o como con el fútbol, donde el Atlético Argentino está siendo reconstruido por sus hinchas, quienes buscan fomentar las inferiores y refundar, después de 12 años, el comedor comunitario.
El club es algo más que un sello: es identidad, historia, solidaridad y objetivos comunes.
Será sólo con éstos y desde éstos donde se podrá reconstruir nuestro deporte.

domingo, 21 de marzo de 2004

¿Una enfermedad o un delito?

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 21 de marzo de 2004


Apunten contra Cordone y disparen. Que sea ocultado, negado. Barramos la basura debajo de la alfombra y sobre ella hagamos el lunch de los decorosos.
Pocos días hace que Carlos Lobo Cordone, delantero de San Lorenzo de Almagro, reincidió en un control antidopaje realizado por la AFA, tras detectarse el consumo de una sustancia categorizada como social.
Un doble discurso queda en evidencia, sobre todo desde los entes tanto deportivos como oficiales. Por un lado se nos dice –sobre el consumo de drogas sociales –que se trata de una enfermedad, y por otro, de un
caso de corrupción, de ventaja antideportiva por parte del atleta.
Cordone es un caso más dentro de cientos de miles. Hay Lobitos por todos lados, en el fútbol, en otros deportes y actividades sociales y culturales, pero con la suerte o la desgracia de que no se les realicen controles antidopaje.
Detrás de los desfachatados pibes de las esquinas y la popular (chivos expiatorios) ocultamos la realidad de las drogas sociales. El tráfico y consumo de éstas se da en las escuelas, los clubes, los lugares de trabajo, las cárceles, las oficinas públicas, lugares donde conviven los útiles y felices “volados” con los efectivos y “duros entrajados”.
La cotidianeidad nos muestra metacódigos y un lenguaje no sólo de aceptación sino de reivindicación de las drogas, donde los más “copados” se desdibujan y transforman en los referentes de la otra moral, la establecida.
No se trata sólo de deportistas, talentosos o foráneos. No se trata de excepcionalidades, ni abarca a un grupo social ni a una franja de edad determinada.
Las drogas sociales abundan en los recreos, los festejos, las intimidades, en los baños y los pasillos, en los camarines y en el tercer tiempo. Si se trata de un acto compulsivo de evasión, y de personas que cargan en sus cuerpos sustancias que provocan futuras alteraciones y consecuencias psicofísicas, y además, éstos, no sacan ventaja deportiva sino todo lo contrario, cabe preguntarnos por qué se los castiga. ¿No sería mejor ayudarlos, tratarlos, contenerlos en vez de expulsarlos?
Carlos Cordone quedó en evidencia, pero cientos de miles como él –dependientes a las drogas sociales– se ocultan o hasta se vuelven en “buchones moralizantes” buscando autojustificarse y no perder los espacios
y códigos donde se alienta y promueve lo prohibido.
Sería bueno un control antidopaje para los médicos, los dirigentes de San Lorenzo (y otros clubes), la AFA, del COI y los organismos públicos. Por lo menos así quedaría en evidencia que estas entidades también están llenas de adictos con los mismos códigos y dentro de la misma e hipócrita realidad que se oculta. Lástima que varios de estos muchachos –y acá utilizamos el potencial– se dedicarían al narcotráfico y el lavado de dinero lo que sin duda iría de la mano con políticas de ocultamiento, represión y castigo para los
que quedan en evidencia en este gran negocio.

domingo, 29 de febrero de 2004

Quieren planificar lo desconocido


Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 29 de febrero de 2004

Tanto países capitalistas como socialistas tienen en común la planificación deportiva.
Los éxitos en esta área son réditos políticos que muestran, entre otras cosas, la coyuntura y el poder educativo y cultural de las naciones. Los lineamientos, para llegar a las metas fijadas, son a largo plazo y se
estructuran no sólo a nivel nacional sino en cada una de las regiones, provincias, etcétera.
Sin dudas las competencias continentales y mundiales son el objetivo; y sobre todo los Juegos Olímpicos, el encuentro deportivo máximo.
Si nos preguntamos dónde estamos y quiénes somos, en Mendoza nos vemos favorecidos por la proyección y consolidación de varios deportistas gracias al esfuerzo de éstos, sus padres, sus clubes, federaciones, mecenas, y mercaderes.
Pero si en parte estamos y existimos no es por una política provincial y menos por una planificación de políticas deportivas.
Es triste reconocer y asegurar que la estructura deportiva del Estado provincial es una recurrente secuencia de vicios y negaciones, de ñoquis y proyectos truncos. Sobresalen los favores, los favoritismos, el descontrol y el despilfarro. Pasan los gobiernos, las gestiones y sobrevienen las promesas y algunos cambios de figuritas –como negando la continuidad del mismo signo político–, la creación de “áreas” y “programas” donde la constante es la enunciación de sueños y buenos deseos e intenciones, como la nulidad de concreciones.
En síntesis y tomando como punto de referencia el deporte federado y de alto rendimiento, lo que sobresale es la desinformación (ver nota página 25 de éste suplemento del 16 de febrero).
En Mendoza, donde se maneja un considerable presupuesto (y prometen más) no tienen constancia de los deportistas clasificados a los Juegos Olímpicos, o los que aún tienen chances, o los que concentran en el CENARD como parte de las selecciones nacionales.
Los funcionarios han abierto una lista para que se inscriban futuros becarios –la mayoría de los deportistas desconoce ésto– demostrando que no existen estrategias o planificación. Desde el organismo central deberían hacer un análisis, seguimiento y tener un programa para detectar talentos. Tiene que ser desde la Dirección de Deportes desde donde se determine prioridad de disciplinas, los presupuestos para las mismas, los torneos que apoyarán e infraestructura que asignarán. Pero para esto es necesario saber dónde queremos llegar, quiénes lo harán y cómo; aunque para eso es elemental saber dónde estamos y qué tenemos.
El atleta no sólo tiene obligaciones, también tiene derechos y debe tener una cobertura de servicios sociales, sanitarios y educativos. Los pocos que llegan a la elite internacional debieron hacer todo el proceso en soledad y hasta alejados de la tecnología y las ciencias deportivas, algo que la Dirección de Deportes también debe consolidar y lograr que lleguen a los atletas los especialistas que dicen tener, como médicos,
nutricionistas y profesores.
Administrar recursos del Estado lo hace cualquiera, pero de taquito, nuestros funcionarios.

domingo, 8 de febrero de 2004

Cuerpo y mente insanos

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 8 de febrero de 2004.

Vivimos, consumimos, difundimos y proyectamos un deporte de elite que en realidad es una caricatura de la realidad que mostramos o creemos como tal. Ocultamos que lo que crece y se manifiesta es una mente enferma en un cuerpo enfermo. Deporte y salud no tienen nada de inocentes, van de la mano en un juego perverso, pero rentable, tan rentable como enajenante.

Vale la pena poner de ejemplo a disciplinas que teóricamente son de bajo o nulo riesgo para la vida, como el fútbol, el deporte más popular del mundo. Hace unos días los mecanismos del sensacionalismo mostraron
cómo el delantero del Benfica, el húngaro Miklos Feher, de 25 años, dejaba la vida en la cancha, tal como sucedió siete meses atrás, con el camerunés Marc Foe, jugando la Copa de las Confederaciones. Son sólo
ejemplos, los más mediáticos, pero los casos se repiten en todo el mundo y ya no son aislados.
El disciplinamiento del cuerpo por parte de terceros se va manifestando desde temprano y en pequeñeces que a la larga son destructoras. Otro ejemplo: Carlos Tevez, a pocos días de reincorporarse a su club, tras
una competencia internacional, llegó con unos kilos de más y esto abrió todo un escándalo y posterior debate no sólo de cuál debe ser su peso ideal sino de las circunstancias de ese supuesto exceso de grasas .
Pero esto no se juzga, ya hay instalado un justificativo de tinte moral: “Se trata de profesionales que ganan fortunas”. Esto es otra mierda de la maquinaria que explota al deporte. Se trata de pibes, una minoría cuyos
suculentos salarios sólo chocan con la realidad  (¿cómo se enfrentan a esos nuevos códigos de la riqueza?), lo que sumado a la función de “carteles publicitarios con pies”, termina de ponerles los grilletes en el Mercado del fútbol que los obliga a jugar en calendarios casi eternos con dos o hasta tres partidos por semana, a temperaturas extremas, lo que los lleva a sobrecargas físicas y emocionales que terminan, en el peor de los casos, en una muerte súbita.
En nuestro medio los pibes de las inferiores, en su mayoría entrenan todos los días, incluidas varias horas en un gimnasio. Corren y corren, y a la pelota le pegan y le pegan. La relación con ésta ha cambiado, ya no se busca el juego sino el dominio. En el vóleibol o el básquetbol, en nuestros clubes consumen esteroides y anabólicos. Bajo un buen justificativo la idea es transformar el cuerpo a la altura y anchura de las necesidades.
Pero volvamos a las ciencias aplicadas al deporte. La medicina ocupa un lugar trascendental. El deportista de elite pasa mucho tiempo en el médico tanto por lesiones, molestias, masajes, aplicaciones, operaciones
–una floreciente y rentable industria– y rehabilitaciones, o buscando una receta o una dieta o con psicólogos especializados en el rendimiento, el triunfalismo y la manipulación de estímulos o con preparadores físicos genios de la rutinización para el aprovechamiento de la fuerza y la velocidad.
El deportista de elite se retira atrofiado, envejecido y farmacodependiente, muy lejos del ideal del cuerpo sano y formado por especialistas que sólo procuraron de la mente de éstos sólo las funciones motoras. A éstos se  suman los encargados del mercadeo quienes deciden, según la cotización en los mercados, cuándo se debe y a cuánto exportar la carne de deportista. Vale preguntarse si la vida de un deportista vale más que el fútbol (o cualquier otro deporte). De todas formas está en claro que lo único que vale es ganar y para eso hay que ser más atlético y  dejar de lado la creatividad del juego donde la cabeza se tomaba un pequeño respiro de libertad.

domingo, 11 de enero de 2004

Los roles del poder

Suplemento Ovación (página 2),
Diario UNO de Mendoza, 11 de enero de 2004


Más allá del poder, el deporte subsiste. Como toda manifestación cultural va encontrando nuevas herramientas para sobrevivir  y subyacer en esta provincia de un país subdesarrollado que hace 60 años vio cómo pululaban distintas disciplinas.
Pero el poder no es algo abstracto, ni oculto. El poder está en los pasillos de la Dirección de Deportes de la provincia (y de las comunas también); en ese laberinto de escritorios burocráticos y carpetas que cuecen designaciones y cargos, donde se distribuyen favores, tercerizaciones y se potencian internas partidarias. Una patética muestra fue el lobby que hicieron varios personajes (políticos o algo parecido) mientras el gobernador titubeaba en nombrar al titular del área.
Uno tras otro han sido tan parecidos, que parecen ser uno solo; cambian  los gobiernos, las gestiones, y se repiten las promesas y las inacciones. Difícil es imaginar que esta gente concrete una verdadera política social, de contención, o que sepan cuáles son los deportes con mayor  proyección competitiva, de elite, y  con chances olímpicas.
El poder también está en las ligas, federaciones y asociaciones. Donde, salvo varias excepciones, se trata de administradores de intereses extradeportivos, donde se confunden con la función de representantes, administradores, promotores y demás. En la mayoría de los casos miopes de  la realidad aceptan que deportes amateurs y con pract icantes de bajos recursos tengan que sostener planillas costosas y árbitros, jueces o comisarios de carrera semiprofesionales. ¿Y los clubes? Parece que olvidaron la función social por la que se fundaron y que disfrutan cómo son fagocitados por las gerenciadoras.
El poder está en el tráfico de ilusiones, en las “escuelitas” de fútbol donde los técnicos (ex referentes) exigen, manipulan y tratan como mercancías a los pibes, quienes ya de chiquitos los pasean de un lugar a otro haciéndoles creer que todos serán cracks y millonarios, con lo que pierden la inocencia y el sabor del juego.
Y ahí están los papás firmando y pagando mientras les liman las sonrisas a sus hijos.  El poder se manifiesta con dirigentes mandaderos de empresarios y periodistas mandaderos de dirigentes; con ONG y entidades intermedias, paralelas que buscan justificar algún subsidio en nombre del deporte y lejos del deportista.
Se han flexibilizado los roles, se han olvidado de la ética. Un pastiche perverso. Desde un mismo lugar deciden, se postulan, venden y compran. Amateurismo y solidaridad son palabras infaltables en un buen discurso, pero a contrasentido de los que se hace, construir una realidad basada en el mercado.
Pero si en nuestras tierras el deporte subsiste es por los deportistas, quienes más allá de la estructura de poder en la que están insertos siguen adelante, buscando una meta, a veces sencilla, como liberarse por un rato, superarse a sí mismo, o simplemente compar tir/se en un juego.
Luego llegará la hora de trascender, y ahí está la estructura que sabe de su dialéctica en la que el depor tista necesita del poder para que justifique y decrete su gloria, y con éste el poder sabrá generar el negocio para saciar sus hambrientos bolsillos.

domingo, 4 de enero de 2004

Un ciclismo sin metas



Suplemento Ovación (página 2).
Diario UNO de Mendoza, 4 de enero de 2004

La crisis del ciclismo no es una novedad. La última década marcó un creciente deterioro de esta actividad en el país, y en Mendoza los dirigentes no han tenido muñeca para revertir la situación.
Hace unos años, las regionales y las asociaciones del interior festejaban el fin de la era Antonio Alexandre.
La llegada de Hugo Wernly a la Federación Ciclista Argentina parecía traer una bocanada de aire limpio, nuevo, renovador y federalizador; pero fue más de lo mismo y hasta peor. La entidad rectora del deporte
pedal terminó por desaparecer en todo sentido: perdió desde los bienes hasta la legalidad jurídica.
Hace varios meses, con el reconocimiento de la Unión Ciclista Internacional (UCI), entró en acción la Federación Argentina de Ciclismo de Pista y Ruta (FACPYR), cuyo máximo dirigente es el marplatense Gabriel Curuchet, quien como ciclista hizo historia ganando todo pero como dirigente ya repite viejos vicios
y dañinos olvidos.
Es en el interior donde nacen y se hacen los grandes pedalistas y los principales equipos, y donde se disputan las clásicas más importantes.
San Juan, Mendoza, Córdoba y Bahía Blanca, entre otras, han sido plazas que han nutrido de individualidades y escuadras al “pelotón nacional”.
Hace años que Mendoza perdió el semillero y la mística. Ya no hay ídolos, lo que se repite en todo el país. El ciclismo es un deporte popular pero cada vez más caro. Con precios dolarizados –los materiales son importados– se hace casi imposible mantener un rodado para la competencia.
Y si a esto se le suma la pretemporada, la alimentación, la vitaminización y los costos extra para la carrera, la inversión es enorme. Así, montar un team ya es una acción casi filantrópica.
Cada provincia con historia ciclística aporta uno o dos equipos de elite. Estos, y tomando el caso Mendoza,
necesitaban saber con tiempo la diagramación del calendario nacional: Argentino de Pista, Vuelta a la
Argentina, Vuelta de San Juan, de Mendoza y demás. La dirigencia nacional, si bien asumió hace poco, ya traía un buen tiempo trabajando; pero, al estar más preocupada por intereses económicos de acuerdo con los empresarios del ciclismo, el diagrama de competencias llegó a última hora, con la consecuencia de la disolución de equipos o el tardío inicio de las temporadas ruteras.
Como si esto fuera poco, hace unos días, la Asociación Ciclista Mendocina le envió una carta documento a la FACPYR reclamando licencias gestionadas de los ciclistas locales (requisito para correr en competencias
oficiales como para la seguridad de los pedalistas) y exigiendo el recibo de reafiliación a la FACPYR (¿?).
En una semana se realizará el Argentino de ruta, y los mendocinos llegarán sólo con cuatro competencias de bajo impacto y recorrido. No han realizado contrarreloj, ni montaña, ni carreras por etapas.
Está claro que la proyección de un pedalista local sólo puede apuntar a la Vuelta de Mendoza.
Gabriel Curuchet parece olvidar todos los requisitos y cuidados para un gran deportista como lo fue él. Pero
demuestra la habilidad que tuvo como capo-escuadra del equipo más poderoso del país, negociando con unos pocos y según las conveniencias de turno, repitiendo los viejos vicios de la dirigencia nacional.
Mientras que las autoridades locales no definen una política para darle un rumbo al ciclismo local, siguen perdiendo popularidad, se van quedando sin referentes, ya no hay recambio, pero exigen y prometen llegar
a la elite. Como vamos, es imposible.